Los labios, al igual que la mirada, constituyen uno de los principales focos de atención del rostro. Su forma, volumen, posición y relación con las estructuras que los rodean tienen una influencia importante tanto en la percepción de juventud como en la expresión facial.
Por eso, el tratamiento de labios con ácido hialurónico no debería entenderse simplemente como un procedimiento destinado a “aumentar labios”. En muchos pacientes el verdadero objetivo es hidratar, rejuvenecer, recuperar proporciones y devolver características que se han perdido con el paso del tiempo.
¿Por qué los labios se afinan con los años?
El envejecimiento labial no depende exclusivamente de una pérdida de volumen. Con los años se producen modificaciones en los tejidos blandos, pero también cambios óseos, dentarios y gingivales que alteran progresivamente el soporte del labio.
Como consecuencia, una parte del labio que anteriormente se encontraba expuesta puede ir retrayéndose hacia la cavidad oral. El volumen total puede no haberse reducido en la misma proporción, pero la cantidad de labio visible desde el exterior disminuye, haciendo que parezca más fino y envejecido.
¿Qué podemos conseguir con ácido hialurónico?
Dependiendo de las características y necesidades de cada paciente, el ácido hialurónico permite hidratar, rejuvenecer, redefinir el contorno y recuperar o aumentar volumen.
También pueden tratarse simultáneamente las arrugas peribucales cuando están presentes y determinados cambios de las comisuras.
Las comisuras y los atributos emocionales del rostro
La anatomía facial puede transmitir emociones que no necesariamente coinciden con cómo se siente una persona.
Un ejemplo sencillo son los emojis: 🙂 y 🙁. Una boca cuyas comisuras se orientan hacia arriba transmite una impresión diferente de otra cuyas comisuras descienden.
Con el envejecimiento, determinadas personas desarrollan comisuras labiales descendidas, que pueden proporcionar al rostro una apariencia triste aun cuando el paciente no se sienta de esa manera.
Este concepto forma parte de los atributos emocionales de la anatomía facial. Ocurre también en otras regiones: determinadas ojeras pueden transmitir cansancio y algunos patrones del entrecejo pueden transmitir enojo sin que esas emociones realmente existan.
Uno de los objetivos de la armonización facial puede ser disminuir esa discordancia entre cómo se siente una persona y lo que involuntariamente expresan determinados rasgos de su anatomía.
Una zona que requiere productos específicos
El labio es una estructura de enorme movilidad. Hablamos, sonreímos, comemos y gesticulamos permanentemente.
Por este motivo, requiere ácidos hialurónicos con características reológicas apropiadas y, preferentemente, productos específicamente desarrollados para la región labial, capaces de acompañar su movilidad manteniendo un resultado natural.
Esta gran movilidad también ayuda a explicar por qué la duración del ácido hialurónico en los labios puede ser menor que en otras regiones faciales. Existe una importante variabilidad individual y algunos pacientes mantienen el resultado durante más tiempo, pero habitualmente su duración es inferior a un año.
Una técnica de aplicación atraumática
El labio tiene una marcada tendencia a desarrollar edema y hematomas después de una aplicación. Por eso, además del producto utilizado, la técnica y el instrumental adquieren especial importancia.
En nuestra práctica utilizamos habitualmente agujas extremadamente finas, de 31G o incluso de menor diámetro, buscando reducir el traumatismo producido durante cada aplicación.
Preferimos además agujas cortas, de aproximadamente 6 mm, en lugar de agujas de 8 o 10 mm. Esta elección permite un control muy preciso de la profundidad y del plano de inyección y tiene en consideración la anatomía de la región y el trayecto de la arteria labial, particularmente en relación con la transición entre las diferentes porciones de la mucosa.
El objetivo es conseguir una aplicación precisa y lo menos traumática posible, disminuyendo la tendencia al edema y a los hematomas.
¿Aguja o cánula?
Ambos instrumentos pueden utilizarse para el tratamiento de labios. En nuestra práctica utilizamos aguja en la mayoría de los casos. Al tratarse de una estructura pequeña, en la que diferencias de pocos milímetros pueden modificar el resultado, la aguja ofrece un elevado grado de precisión tanto en la ubicación como en la cantidad de producto depositado.
La cánula puede presentar la ventaja de producir menor traumatismo y, en determinados casos, menor inflamación posterior, pero ofrece menor precisión para depósitos muy puntuales y puede administrar un mayor volumen de producto en cada trayecto.
Por eso, la elección no debe plantearse como aguja versus cánula de manera absoluta, sino según el objetivo, el plano y la zona específica que se desea tratar.
Anestesia y recuperación
En la mayoría de los pacientes es un procedimiento mínimamente molesto y puede realizarse únicamente con anestesia tópica mediante crema anestésica.
Puede aparecer cierto grado de inflamación inmediatamente después del tratamiento, especialmente porque el labio es una región particularmente reactiva. La utilización de instrumental fino y una técnica cuidadosa busca reducir al máximo este efecto.
El objetivo: rejuvenecer sin perder naturalidad
Un buen tratamiento de labios no debería identificarse inmediatamente por un exceso de volumen.
El objetivo es respetar las proporciones, la anatomía, la edad y las características propias de cada paciente. En algunos casos significará aumentar volumen; en otros, recuperar exposición del labio, hidratar, redefinir el contorno, tratar las arrugas peribucales o mejorar la posición de las comisuras.
En definitiva, no se trata de crear un labio diferente, sino de conseguir un labio más armónico, rejuvenecido y acorde con el resto del rostro.
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