El Endolifting facial es un procedimiento mínimamente invasivo que utiliza energía láser aplicada directamente en el plano subdérmico mediante una fibra óptica muy fina. Su objetivo es mejorar la flacidez, la definición del contorno facial y la calidad de la piel, sin las incisiones propias de un lifting quirúrgico convencional.
La energía se administra de manera controlada en los tejidos, permitiendo actuar tanto sobre la retracción y remodelación de la piel como, cuando está indicado, sobre pequeños depósitos de tejido adiposo.
¿Cómo se realiza?
El procedimiento se realiza habitualmente con anestesia local tumescente, sin necesidad de anestesia general.
Este tipo de anestesia permite trabajar de manera confortable y produce vasoconstricción, lo que contribuye a disminuir el sangrado y la aparición de hematomas. A esto se suma un efecto propio del láser: la energía térmica produce coagulación de pequeños vasos sanguíneos. La combinación de ambos mecanismos hace que habitualmente exista menor tendencia al sangrado y a los hematomas, favoreciendo una recuperación más rápida.
¿Cómo produce tensión en la piel?
El efecto tensor se produce fundamentalmente mediante dos mecanismos. El primero es la remodelación del colágeno ya existente. El calentamiento controlado modifica su estructura y produce una retracción inicial de los tejidos.
El segundo mecanismo se desarrolla progresivamente: el estímulo térmico induce la formación de nuevo colágeno, o neocolagénesis. Por eso, el resultado del Endolifting no debe evaluarse solamente inmediatamente después del procedimiento: puede existir una retracción inicial, pero la remodelación de los tejidos continúa durante los meses posteriores.
Láser de 980 nm y 1470 nm
En Endolifting pueden utilizarse diferentes longitudes de onda, entre ellas 980 nm y 1470 nm. Cada una presenta un perfil diferente de absorción en los tejidos.
De manera simplificada, el 980 nm puede tener especial utilidad cuando buscamos un componente de lipólisis, mientras que el 1470 nm presenta una elevada interacción con el agua de los tejidos y resulta particularmente útil cuando el objetivo predominante es la retracción y tensión cutánea.
Sin embargo, no son funciones excluyentes. El efecto final depende también de la energía administrada, la potencia, el plano de trabajo, la velocidad de desplazamiento de la fibra y las características del tejido de cada paciente.
¿Qué zonas pueden tratarse?
Según la anatomía y las necesidades individuales pueden tratarse distintas áreas, entre ellas óvalo facial, línea mandibular, papada o región submentoniana, mejillas y cuello.
Cuando existe grasa localizada, especialmente en la región submentoniana, el procedimiento puede combinar el efecto de lipólisis con la retracción de la piel, trabajando simultáneamente sobre el volumen y la flacidez.
La importancia de la mentonera
El tratamiento no termina cuando finaliza la aplicación del láser. Después del tratamiento facial, y particularmente cuando se trabaja la región mandibular y submentoniana, puede indicarse el uso de una mentonera compresiva.
Su utilización ayuda a contener el edema y favorecer la adhesión de la piel a los planos profundos durante el proceso de recuperación, de manera comparable al uso de prendas compresivas después de ciertos procedimientos corporales.
¿Quién es un buen candidato?
El Endolifting no sustituye al lifting quirúrgico en todos los pacientes. La indicación depende del grado de flacidez, la calidad y el espesor de la piel, la cantidad y distribución del tejido adiposo, la anatomía facial y los objetivos de cada persona.
Por eso es fundamental realizar previamente una evaluación médica individualizada que permita determinar qué zonas conviene tratar, con qué objetivos y qué resultados pueden esperarse razonablemente.
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